Opinión por: Arturo Medina
Mucho se ha hablado en estos días de un pico atípico en la comunicación entre los partidos de la alianza oficialista en el estado.
El PAN y el PRI son partidos abismalmente distintos, pero hemos encontrado coincidencias que facilitan abordar agendas comunes para el desarrollo de Chihuahua y para salvaguardar el clima democrático en la entidad.
Para nadie es un secreto que se avecina un proceso electoral intenso, en el que, con absoluta honestidad, debemos hacer un análisis de la realidad: no es un escenario fácil, pero sí existe la posibilidad de cerrarle el paso al autoritarismo de Morena.
El presidente estatal del PRI lo ha dicho con claridad: Morena amenaza con llegar para perseguir a los adversarios y perdonar a sus amigos. La muestra está en la repentina atracción que hizo la Fiscalía General de la República sobre el caso de Javier Corral; un auténtico ejemplo del uso político de la justicia.
La persecución que se vislumbra como escenario ante la posibilidad de que Morena llegue al estado no alcanzaría únicamente a políticos, sino también a las voces que disientan del gobierno. Ya lo hemos visto en Veracruz, donde la propia gobernadora ha señalado que existe un exceso de libertad de expresión y ya encarceló, por lo menos, a un periodista que cuestionó su ejercicio del poder.
Estos horizontes ya no son una ficción. Hay evidencia a lo largo del paso de Morena por el país. De ahí la importancia de mantenernos unidos y de privilegiar los puntos comunes que coinciden con las aspiraciones más genuinas de los chihuahuenses: libertad y tranquilidad.
Equivocamos la ruta si, cada vez que se habla de las atrocidades de las que son capaces los políticos de Morena, no entendemos que el objetivo no es confrontarnos entre aliados, sino visualizar con realismo lo que puede suceder ante la falta de límites y escrúpulos con los que opera el régimen.
No se trata de exigirnos gratitud unos a otros, sino de reconocernos mutuamente y actuar con humildad. La soberbia no ha sido —en ningún momento de la historia— una buena consejera de las causas justas. Estamos en una causa justa; no la opaquen con el juego de la egolatría.
No son tiempos de huir de la verdad, ni tampoco de facilitarle el camino a quienes, a toda costa, quieren obtener el poder para vulnerar desde adentro al pueblo chihuahuense.
Y con tal humildad debemos asumir que la gratitud se la debemos a los chihuahuenses.




