El mito de la revalorización docente ante la opulencia del estado de bienestar

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Por: Felipe Villa

El Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2026 ya no es un documento técnico, sino la declaración involuntaria de una prioridad nacional: la educación dejó de ser la palanca de desarrollo para convertirse en un gasto operativo inercial y la política social de transferencias directas se consolidó como la verdadera Secretaría de Estado, porque cuando se revisan los números, el discurso oficial de dignificación y revalorización del magisterio no solo se desvanece, sino que se vuelve insultante y por esta razón, estamos viviendo una paradoja tributaria donde sobran billones para repartir, pero faltan centavos para enseñar.

La danza de los billones: El asistencialismo como primera opción

Para el año fiscal 2026, la bolsa para política social rompe todos los récords. Si a los Programas del Bienestar (Pensión para Adultos Mayores, Becas Benito Juárez, Sembrando Vida, etc.) le añadimos el gigantesco pasivo de Pensiones y Jubilaciones, el monto supera los 2 billones de pesos y para ponerlo en contexto: esta cifra supera el PIB de varios países centroamericanos y es una inyección masiva de efectivo para gastar de inmediato, para sobrevivir, porque nadie se opone a ayudar a los débiles, pero cuando este gasto se dispara en detrimento de la inversión en capital humano (educación, salud), el mensaje explícito es que al Estado le preocupa más aliviar la pobreza hoy, que erradicarla mañana con escuelas.

Nómina de maestros: Supervivencia, no avance

Y la respuesta oficial suele ser que el gasto en educación es enorme y es verdad, el FONE (Fondo de aportaciones para la nómina educativa) es de medio billón de pesos, pero ahí está el truco retórico, porque ese dinero no es inversión, es gasto corriente y se gasta casi todo en sueldos que, en términos reales, han perdido poder adquisitivo frente a la inflación acumulada. El aumento salarial que se pregona cada 15 de mayo es una falacia porque se habla de un porcentaje general, pero al desagregar en sueldo base y prestaciones, el beneficio al bolsillo del docente es mínimo. El Maestro mexicano no está ganando más, sólo se le están haciendo ajustes para que no caiga en la pobreza laboral, pero se le exige trabajar como si tuviera sueldo de primer mundo.

La humillación de la capacitación: ¿Cuánto vale un maestro?

El dato más indignante del presupuesto 2026 es el que se destina a la Formación Continua, Actualización y Desarrollo Profesional. Mientras los programas sociales se benefician de incrementos de dos dígitos, el presupuesto para capacitar a los Maestros sigue siendo paupérrimo: alrededor de mil millones de pesos para todo el país. Si dividimos entre 1.2 millones de maestros de educación básica, el resultado es alarmante: el gobierno gasta menos de $100 al año por maestro en capacitación.

¿Qué implica esto en la práctica?

• Que la puesta en marcha de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), con todo lo que implica en términos de codiseño, planeación por proyectos, autonomía curricular, se está llevando a cabo a ciegas.

• Que el Profesor tiene que costearse de su bolsillo cursos, diplomados, maestrías si quiere tener alguna posibilidad de ascenso.

• Que el Estado abdicó de su responsabilidad de capacitar a sus cuadros, privatizando de hecho la capacitación docente.

La incongruencia burocrática: USICAMM y la falta de presupuesto

La revalorización choca con la USICAMM, porque este organismo en vez de promover se ha transformado en una aduana burocrática. Pero el problema, una vez más, es monetario. Hay miles de Maestros que obtienen buenos resultados en las evaluaciones para ascensos horizontales o verticales, pero que se quedan sin incentivo económico por haberse agotado el techo presupuestal. O sea, el profesor llena, trabaja, estudia, es bueno, pero el Estado le dice lo hiciste bien, pero no hay dinero para pagarte más porque ya se gastó en otros programas.


1. La realidad en el aula: Ejemplos de incongruencia en la práctica

Para dimensionar por qué destinarle menos de $100 al año a la capacitación docente es una burla, analicemos tres casos reales:

El Caso del «Diplomado Fantasma»

La profesora «Ana» quiere formarse en Neuroeducación o Estrategias DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje) para dar respuesta a sus alumnos con necesidades educativas especiales. Revisa la oferta estatal gratuita y solo encuentra cursos genéricos, desactualizados o saturados. Paga $4,000 de su bolsa por un diplomado en una universidad privada y, mientras ella sacrifica su quincena para ser mejor Maestra, un becario de ‘Jóvenes Construyendo el Futuro’ gana más de $7,500 al mes sin exigencias de profesionalización. El aprendiz se beneficia más por entrenarse que lo que el Estado gasta en la experta que enseña.

La Lotería del USICAMM

El Profesor «Luis» estudió noches tras noches. Sacó excelente puntuación en la promoción horizontal. Aprobó la antigüedad, los cursos y el examen, pero le llega una carta informándole que, a pesar de haber tenido buena calificación, quedó en lista de espera en el grupo X por haberse agotado el techo presupuestal y que Luis hizo todo bien y no le pagaron ni un peso más. En tanto, el presupuesto para Pensiones del Bienestar se indexa cada año por decreto constitucional, sin importar la evaluación de impacto, pero el incentivo al mérito magisterial está condicionado a que sobre dinero.

La «Gratuidad» subvencionada por el Profesor

Se declara la enseñanza gratuita y se prohíben las cuotas escolares y se reciben los fondos de «La Escuela es Nuestra», pero los Comités de Padres gastan el dinero en pintar la barda perimetral (lo visible) en vez de material didáctico o internet. El Maestro acaba pagando los rotuladores, las fotocopias de los exámenes, los datos del móvil para subir las notas a la plataforma de la SEP y, sin embargo, el gobierno da dinero directamente a las familias y así, supuestamente, mejora la educación, pero ahoga el gasto corriente de los centros (FONE) y el Profesor acaba subvencionando el sistema con su sueldo.

Decir que se «revaloriza» al Profesorado y negarle los medios para profesionalizarse es demagogia, porque un país que gasta 2 billones en transferencias directas, pero tiene escuelas cayéndose a pedazos y Maestros sin dinero para libros o cursos es porque nuestro gobierno ha elegido administrar la ignorancia en vez de cultivar la inteligencia.

La incongruencia presupuestal de 2026 nos dice que el Maestro es importante en el discurso del 15 de mayo, pero desechable en la hoja de cálculo de la Secretaría de Hacienda. Y mientras no se invierta en la mente del que enseña, ninguna beca ni pensión sacará al país del atolladero y ya es hora de que el presupuesto deje de mirar al Maestro como un gasto de nómina y lo asuma como la mejor inversión estratégica de la nación.