Cuando arriba se disputan sentidos, abajo se tensan las escuelas

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Por: Dr. Joel Orozco

En estos días, varios amigos y compañeros del magisterio me han preguntado sobre lo qué pienso sobre la situación educativa nacional que ha estado girando en los medios de comunicación y en las redes socialaes y que volvió a mostrarnos una verdad que conozco como docente. En Chihuahua, esa tensión no es un asunto de redes, hemos vivido controversias públicas en torno a los Libros de Texto Gratuitos y también hemos visto cómo, mientras se dice que no hay presupuesto para fortalecer rutas de reconocimiento profesional como la Promoción Horizontal, sí circulan apoyos, alianzas o materiales paralelos que terminan empujando a la escuela hacia la lógica del cuadernillo, del formato y de la receta. No afirmo esto como consigna ni como juicio de intención, lo nombro como un clima que el magisterio percibe y padece, y que exige transparencia, coherencia y evaluación con impacto real en el aula.

He leído el documento de convocatoria a los Comités para la Defensa de la Nueva Escuela Mexicana y sus Libros de Texto Gratuitos y, por ética profesional, es importante decir con claridad qué propone. El texto convoca a organizar comités que no sólo defiendan la NEM y los LTG y que se asuman como contrapesos mediante acciones políticas, con una meta declarada de refundar la SEP y el Sistema Educativo Nacional. Al mismo tiempo, el documento denuncia problemas que el magisterio reconoce en carne propia, como la simulación, las cargas administrativas y el lucro con capacitaciones, cuadernillos, materiales y planeaciones. (Arriaga Navarro, 2025).

Esa denuncia no debe minimizarse, porque ahí está una de las raíces del desgaste escolar; pero tampoco puede resolverse sustituyendo el debate profesional por una lógica de bandos que termine rompiendo colectivos y polarizando comunidades.
Mi postura como Asesor Técnico Pedagógico es cuidadosa, la defensa de la escuela pública no puede depender de adhesiones facciosas, porque la escuela es un bien común y el magisterio es una profesión intelectual, no una masa de maniobra. En pedagogía crítica, Freire nos advirtió que la educación se traiciona cuando se vuelve “bancaria”, cuando el estudiante es tratado como recipiente y el docente como depositador de información o ejecutor de instrucciones, porque ahí no hay conciencia ni emancipación, solo adaptación. (Freire, 1970). Y esto conecta directamente con lo que vivimos cuando la escuela se llena de cuadernillos estandarizados, guías infalibles y formatos que se aplican sin lectura del contexto, esa práctica se parece demasiado a una educación bancaria, aunque venga envuelta en discursos de innovación. La educación bancaria no sólo daña al estudiante; también degrada al docente, porque le arrebata su lugar de pensamiento, de interpretación y de creación pedagógica.

Por eso es crucial recuperar lo que la propia Nueva Escuela Mexicana plantea, la autonomía profesional del magisterio como ejercicio crítico situado, en diálogo con las y los estudiantes, con lectura permanente de la realidad para redefinir la enseñanza, la planeación y la evaluación, y para contextualizar según condiciones territoriales, culturales, familiares y de diversidad. (SEP, 2022). Esa autonomía no es capricho ni improvisación; es responsabilidad profesional y ética. Y justamente por eso, cuando se intenta reemplazar la autonomía por recetarios o por aplicaciones instrumentales de materiales, la escuela se empobrece y la NEM se vacía. Giroux lo dijo con fuerza al colocar al docente como intelectual transformativo, es decir, como profesional que produce sentido, cultura democrática y pensamiento crítico desde la escuela, no como técnico que ejecuta órdenes. (Giroux, 1988). Cuando una política, una alianza o un paquete de cuadernillos reduce al maestro a aplicador, ahí hay un retroceso que debe discutirse con argumentos, evidencias y marco normativo.

Con evidencia y con contexto, es donde se debe analizar qué materiales apoyan y cuáles sustituyen, qué prácticas administrativas están asfixiando, cómo cuidamos el tiempo de aula y cómo garantizamos que la lectura, la escritura, las matemáticas y los proyectos se trabajen con sentido comunitario, no con simulación. Si hay alianzas o convenios, se leen completos, si hay materiales complementarios, se valoran críticamente, si hay presiones para comprar o aplicar recetas, se documentan y se encauzan.

La asesoría técnica pedagógica existe para sostener la mejora continua y facilitar la reflexión sobre la práctica en relación con el entorno social y personal del alumnado, no para reclutar, vigilar o imponer líneas políticas. En mi realidad cotidiana, acompañar significa caminar con las escuelas para que la planeación no sea trámite, para que el proyecto no sea maquila, para que la evaluación sea formativa, y para que la NEM se vuelva experiencia viva y no expediente. Y significa, sobre todo, reconocer que las maestras y los maestros ya saben mirar los procesos de aprendizaje de sus estudiantes, porque enseñar no es vaciar información, es construir, paso a paso, condiciones para que el estudiante comprenda, se apropie, aplique y
transforme en su contexto lo que aprende.

Con todo esto, mi llamado no es a la neutralidad cómoda, sino a una postura emancipadora y realista. Sí, defendamos la escuela pública, los libros gratuitos, la rectoría del Estado y el sentido comunitario del currículo. Sí, denunciemos la simulación, la sobrecarga administrativa y el negocio educativo cuando aparezca. Pero hagámoslo sin caer en educación bancaria, sin sustituir la deliberación profesional por consignas, sin convertir la escuela en una trinchera que divida a quienes tienen que trabajar juntos. La NEM sólo tendrá futuro si se sostiene en lo que ocurre en el aula y en proyectos con territorio, en pensamiento crítico, en comunidad y en autonomía profesional docente. Y esa defensa, en Chihuahua, comienza cuidando el tiempo pedagógico, exigiendo coherencia presupuestal y respetando al magisterio como lo que es, una comunidad de intelectuales de la enseñanza que no necesita recetas para pensar, sino condiciones para enseñar con dignidad.