Opinion por: Mtro. Norberto Guerra Mendias
El tabaquismo
Aunque el consumo de tabaco ha disminuido en los últimos años, sigue afectando a un porcentaje significativo de la población. Esta droga legal, a menudo trivializada, funciona como una puerta de entrada hacia otras sustancias: su aparente inocuidad actúa como un inhibidor de las barreras psicológicas. Entre los adolescentes, fumar se asocia erróneamente con la madurez, la masculinidad o la pertenencia a ciertos grupos sociales —incluso pandillas—, pero en realidad marca el inicio de un camino destructivo.
El tabaquismo no solo es un inhibidor psicológico, sino una adicción con un alto costo económico. En México, una sola cajetilla de cigarrillos puede equivaler un 30% de un salario mínimo diario, y hay quienes consumen varias al día, lo que representa un drenaje devastador para la economía familiar. Según datos recientes, el consumo promedio es de 16 cajetillas al mes por adulto, aunque en los últimos años se ha observado un descenso sostenido, atribuible en parte al aumento en los precios. Sin embargo, más allá del impacto financiero, el verdadero precio —y el más cruel— se paga en salud: enfermedades respiratorias, cáncer y una calidad de vida deteriorada son solo algunas de las facturas que nunca aparecen en el recibo del fumador. Hace décadas, el tabaco era símbolo de estatus; hoy, es un pasaporte a la pobreza y la enfermedad
El tabaco no solo acorta la vida, sino que lo hace de las formas más dolorosas. Las cuatro enfermedades más letales vinculadas al cigarrillo —infartos, derrames cerebrales, EPOC (esa tose que no se quita) y cáncer de pulmón— siguen cobrando más vidas cada año. Son como los cuatro jinetes del apocalipsis de los fumadores: silenciosos, implacables y totalmente prevenibles.
El mercado negro de tabaco no solo evade impuestos: envenena con químicos no regulados. Mientras las marcas legales —ya de por sí dañinas— cumplen mínimos estándares, los cigarros ilegales contienen hasta 300% más alquitrán, metales pesados y restos de pesticidas, según estudios de la OMS.
El círculo perverso del contrabando:
· Daño amplificado: Sin controles sanitarios, sus toxinas corroen pulmones e hígado con mayor rapidez.
· Precio engañoso: Su bajo costo atrae a jóvenes y familias pobres, pero el «ahorro» se paga con tratamientos médicos.
· Negocio sangriento: Financia redes criminales (en México, el 20% del mercado es ilegal, con pérdidas de $15 mil millones anuales).
Los números asustan:
✔ Infartos: +12% en 10 años (y no es por estrés, es por el tabaco)
✔ Derrames cerebrales: +8% anual (como si cada año añadiéramos un nuevo pueblo lleno de víctimas)
✔ EPOC: el doble de casos que hace una década (respirar no debería ser un lujo)
✔ Cáncer de pulmón: sube un 5% año tras año (y no, no es «solo de fumadores»)
¿Lo más indignante? Ninguna de estas muertes tenía por qué ocurrir. No son desgracias inevitables, sino consecuencias predecibles de un paquete de cigarrillos tras otro. La ciencia lo sabe, los médicos lo gritan… y, sin embargo, la curva sigue subiendo. Esta escalada no es casual: cada punto porcentual representa miles de historias truncadas y familias devastadas. Lo más alarmante es que, a diferencia de otras epidemias, esta es 100% prevenible.
Factores que influyen en el consumo de tabaco
Influencia social: Amigos y familia como detonantes
El entorno cercano —amigos, familiares o círculos sociales donde se fuma— incrementa la probabilidad de que una persona adopte el hábito. Factores como la presión de grupo, la normalización del consumo en el ámbito familiar o incluso tradiciones culturales pueden llevar al inicio del tabaquismo.
Estrés: Un alivio engañoso
Muchos fumadores justifican su consumo como un mecanismo para manejar el estrés. No obstante, la ciencia demuestra que el tabaco solo ofrece un alivio temporal. A largo plazo, la adicción a la nicotina genera un círculo vicioso: la abstinencia entre cigarrillos aumenta la ansiedad, perpetuando la necesidad de fumar.
Dejar de fumar no es fácil, pero se puede lograr, por ti y tu salud, cuídate.
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