Por: Rosalío Morales Vargas
No verán claudicar a Palestina,
ni sucumbir ante el atroz sadismo
de la bota invasora de los buitres,
que pisotea una tierra devastada
y en el límite de la extenuación
de sus fuerzas, menguadas mas tenaces.
No la verán rendirse ante los crímenes,
ni alentar otra tregua envenenada,
pues silbararon de nuevo los obuses
y el infecto fragor de proyectiles.
Retumbó la crueldad de los aviones
que han continuado escupiendo muerte.
No la verán postrarse ante chacales,
ni ante la cruel degradación rampante
y el fétido tufillo de abyecciones,
que vagan por la costa dolorida,
pues el golpe sionista ha seguido
desparramado sombras ominosas.
No la verán bajar la frente altiva,
ni esconderse en cortinas de indolencia
para enfrentar la arremetida insana
del trauma colectivo que hoy carcome
los sentidos absortos del silencio
y el sudario de lágrimas ardientes.
No la verán ponerse de rodillas,
ni suplicar al aire enrarecido
que en medio de la geografía rugosa
y el horrendo rugir del sobresalto,
detenga entre espasmos macilentos
la incertidumbre hilada en la congoja.
No ha de verse en sus ojos la derrota,
ni en las hojas de olivos y naranjos,
o en las pieles curtidas por el sol,
en las arenas finas del desierto,
ni en las palmeras que bordean sus playas,
o en la frescura de su río indócil.
Porque este pueblo lucha con denuedo,
y un halo de esperanza se dibuja
a la luz de horizontes irradiando
coloridos y límpidos destellos.
Con fe en la victoria venidera
Palestina resiste la barbarie.