Por: Profr. José Luis Fernández Madrid
La entrada en vigor del acuerdo 06-09-24 relativo a la promoción de una vida saludable se está convirtiendo en un verdadero galimatías para las instituciones del sistema educativo estatal.
Una realidad lascerante, sin duda, son los altos índices de obesidad infantil y juvenil así como los problemas de salud asociados a ello, no obstante, se requiere una estrategia integral para abatir dicha problemática y, aunque iniciar con reglamentar los buenos hábitos alimenticios al interior de las escuelas pareciera una gran idea, esto deriva en más implicaciones que no necesariamente redundarán en alcanzar el objetivo.
¿Cómo regular, sin que se viole algún derecho humano, el que los y las alumnas lleguen de sus hogares a las instituciones educativas con frituras?
¿De qué manera subsanar la imperiosa necesidad de padres y madres de familia de cargar a sus vástagos con galletas ante la falta de tiempo o de dinero para prepararles comida saludable?
¿Se cuenta en las escuelas con las condiciones de infraestructura y recursos materiales para instalar una cocina o cooperativa que cumpla con los parámetros y requisitos exigidos?
Todos coincidimos en la importancia de priorizar la salud de los estudiantes, los maestros en las aulas educan sobre el plato del bien comer y la jarra del buen beber entre otros contenidos adecuados para la efectiva promoción de la salud, y no solo porque la propia curricula lo exige, sino por convicción propia, sin embargo, pretender cortar de tajo la dinámica establecida, e incluso, con el fantasma de la sanción administrativa para maestros y directivos encima en caso de la no observancia aunque esto no esté propiamente en sus manos, la estrategia requiere de un profundo análisis antes de su implementación en aras de lograr el fondo y el espíritu de la misma.
A la par, los convenios con los concesionarios de las cooperativas escolares son una fuente, pequeña quizá, pero finalmente una entrada de recurso económico para la instituciones, misma que se emplea para arreglar, reparar o mantenerlas en óptimas condiciones; ante las directrices establecidas, condenarán a los prestadores de estos servicios a desertar y con ello, decir adiós al poco ingreso destinado en favor de los alumnos y alumnas.
Nunca es tarde para replantear las ideas, proyectos, formas y propósitos, las buenas intenciones y más, si son compartidas, pueden llegar a buen puerto si se socializan previamente y en ellas participan la totalidad de los involucrados.