Por: Víctor M. Quintana S.
El Papa Francisco se hace escucha y voz del grito de la humanidad amenazada, que se eleva desde muchas partes por tantas situaciones de explotación de la madre tierra y de opresión al prójimo. Grito de quien se siente postrado por su condición existencial, condenado por sus propios errores, aplastado por el juicio de los otros.
Todo esto lo manifiesta Francisco en su Mensaje de la Jornada Mundial por la Paz. En él, Jorge Bergoglio nos invita a sentirnos responsables por la devastación de nuestra casa común y por las acciones que alimentan los conflictos que azotan a la humanidad: el trato deshumano a las personas migrantes, la degradación ambiental, la confusión generada por la desinformación, el rechazo a toda forma de diálogo, los grandes gastos en la industria militar.
Nos recuerda Francisco que ninguna persona viene al mundo para ser oprimida, que nacimos para ser libres, que somos hermanos y hermanas. Que los bienes de la tierra no son para unos cuantos privilegiados sino para todas y todos. Que el sistema internacional, si no se alimenta de una lógica de solidaridad e interdependencia, genera injusticias, exacerbadas por la corrupción que atrapan a los países más pobres.
Para que todas y todos construyamos la paz, el Papa Francisco hace un llamamiento a la solidaridad, pero sobre todo a la justicia, que implica tres acciones:
El llamamiento del Papa Francisco a estas tres acciones para la paz no es sólo para gobernantes líderes mundiales. Es para que cada uno de nosotros promueva en su ámbito y a su manera la realización de dichas acciones.
El Desarme del Corazón es el prerrequisito para construir la paz, señala el Papa y consiste en esto: el desarme de nuestro corazón. Un corazón desarmado es “… un corazón que no se empecina en calcular lo que es mío y lo que es tuyo; un corazón que disipa el egoísmo en la prontitud de ir al encuentro de los demás; un corazón que supera el desaliento por un corazón que supera el desaliento por el futuro con la esperanza de que toda persona es un bien para este mundo.”
El desarme del corazón es un gesto que involucra a todos, a los primeros y a los últimos, a los pequeños y a los grandes, a los ricos y a los pobres. A veces, es suficiente algo sencillo, como «una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito”
Si cada uno de nosotros emprendiendo estas acciones estaremos construyendo un feliz año, un paso hacia la paz y fraternidad universales.
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