Por: Dr. Héctor Alejandro Navarro Barrón
En el año 2015, el panorama educativo en México vivía una efervescencia de cambio con la implementación del Servicio Profesional Docente (SPD). En aquel entonces, como docente de adiestramiento, tuve la oportunidad de participar en esa histórica primera convocatoria. Fue un proceso de rigor, pero también de puertas abiertas para quienes buscábamos demostrar nuestra capacidad en la gestión escolar. Gracias a ese examen de oposición, logré transitar de docente de adiestramiento a la dirección de la Secundaria Estatal 3032, un paso que hoy, lamentablemente, parece una utopía para miles de mis colegas especialistas en tecnologías o artes.
La transición de aquel sistema a las reglas actuales de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM) ha levantado muros invisibles, pero infranqueables, para el personal de artes y tecnologías. El requisito más asfixiante es, sin duda, la imposición de una carga horaria mínima de 20 horas semana-mes con nombramiento definitivo para poder siquiera aspirar a una subdirección o dirección.
En nuestro estado de Chihuahua, la realidad administrativa golpea con fuerza. Mientras que en el pasado las categorías de adiestramiento permitían una movilidad basada en el mérito pedagógico, hoy nos enfrentamos a una fragmentación de plazas que mantiene a la mayoría de los docentes de tecnologías y artes en un limbo de entre 12 y 18 horas. Sin esas dos o tres horas faltantes, el sistema los descalifica automáticamente en la mesa de registro, ignorando años de antigüedad, posgrados y liderazgo frente a la comunidad.
Lo más grave es que el camino para «completar» esas horas está prácticamente cerrado. En el subsistema estatal, la desesperación es evidente: tan solo en un proceso reciente de promoción por horas adicionales, se registró una lista de prelación de 719 docentes esperando una oportunidad que gotea con extrema lentitud. Los maestros de tecnología o artes no solo no pueden ascender verticalmente, sino que tampoco encuentran los mecanismos para fortalecer su escalafón horizontal.
La normativa actual de la USICAMM representa una contradicción pedagógica con los principios de la Nueva Escuela Mexicana, la cual promueve el liderazgo basado en el conocimiento técnico y comunitario. Esta regulación penaliza la especialización al medir el talento docente únicamente por las horas frente a grupo, en lugar de la capacidad y experiencia demostrada. Resulta incomprensible que, si en 2015 se permitió a docentes de adiestramiento alcanzar puestos directivos, en 2026 esta trayectoria profesional se vea coartada. Esta restricción es percibida más como un castigo a la especialización que como un filtro de calidad.
Es urgente que las autoridades federales revisen esta limitación. Específicamente, se requiere que el estado de Chihuahua siga el ejemplo de Chiapas, donde se logró que los docentes de adiestramiento puedan acceder a cargos directivos con tan solo 18 horas de nombramiento. Se necesita un avance en los derechos de estos docentes.
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