Por: Mtra. Sumiko Ortiz
Las cosas cumplen un ciclo. El año se fue, y con la llegada de otro nuevo hay muchos cambios por todos lados, excepto donde realmente se necesitan.
En SEECH, el gordito de rojo pasó de largo. La carta contenía una sola petición, pero al parecer el buen Santa no traía nada de eso en su costal. Tal vez este año, enseñe a sus duendecillos a fabricar la justicia que todos pedimos y que este año no pudo entregar.
El 2 de febrero me desperté con el antojo de los tradicionales tamales. Recordé 2 cosas: Por un lado, recordé una película basada en la obra de la escritora Suzanne Collins: Los Juegos del Hambre.
La historia de un grupo de personas que debe sobrevivir por cualquier medio necesario peleando unos contra otros mientras en el Capitolio, las autoridades ejercen su supremacía disfrutando el espectáculo desde la opulencia. El otro recuerdo no fue una obra de fantasía, sino un evento real bastante parecido. Y aquí la analogía:
Terminando el año laboral, las autoridades de SEECH nos invitaron a la tradicional posada, en la que, hasta el año pasado, compartíamos 2 tamales (de esos chiquitos para no cargar mucho el gasto) y un refresco. Este año, empero, los tamales fueron sustituidos por un platillo. Hubo pocas mesas y mucha gente se quedó de pie con su platito en la mano esperando sacarse algo en el sorteo. “¡Yo quiero una pantalla!” decían unos. “A mí me gustó esa bufetera”, decían otros. Y no faltaba quien dijera “Aunque sea la plancha…”. No todos alcanzaron platillo. ¿No alcanzó el presupuesto, tal vez? ¿Cuánto se gastó en regalos? ¿Por qué no alcanzó para una comida digna para todos los empleados?
Mientras tanto, el capitolio, en su mesa aparte se divertía viendo a los “tributos”, como los llamó Collins en su obra, gritar de emoción cuando su número era llamado para recoger algún premio. Los empleados nos dimos el lujo, por espacio de un par de horas, de olvidarnos del abuso y las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y laborales de que ese mentado -maldito- capitolio nos hace objeto.
Los rumores dicen que en el capitolio hubo otra posada. Lejos y fuera de la vista de los empleaduchos, en establecimientos de alcurnia, como los miembros del capitolio en todo lo alto ejerciendo su superioridad. Tal vez tuvieron también su rifa privada, y no creo que entre los premios hubiera planchas. Ya de por sí, participaron de la rifa regular y recibieron algunos premios que habrían hecho felices a los empleados comunes, a los que hacen el trabajo de verdad, a veces, hasta con equipo propio porque, se repite la frase como slogan: “no hay presupuesto”.
Igual que en Los Juegos del Hambre, en SEECH hay movimientos de resistencia. El canto del Sinsajo suena fuerte entre los árboles que rodean la explanada. Se planea, se generan estrategias, se estructura el movimiento que busca derrocar a los opresores, quienes mandan a sacrificar a cualquiera que pueda parecer una amenaza al sistema. Se desarticulan equipos de trabajo funcionales y se forman nuevos equipos que más de medio año después siguen sin entregar resultados. Muy pronto será tiempo de empezar a trabajar con el PDI 2026-27 y el del ciclo 2025-26 no está ni cerca de completarse. Mi antiguo equipo de trabajo se halla desmoronado.
Así, ninguna rebelión será tolerada y no hay ley que no se pueda doblar o quebrar si se trata de satisfacer el hambre de poder de quien maneja la institución. La ley aplicada a modo por la fiel lacaya del más alto mando, servil como quien anhela quedar bien, no vacila a la hora de castigar duramente a cualquiera que se atreva a rebelarse contra el sistema exponiendo la violencia institucional, los abusos, y arbitrariedades que ya son el pan de cada día. ¿Protestas? ¿Te defiendes? ¿Exhibes la corrupción? Reconozco tu calidad de víctima y para “protegerte” te quito de lo que siempre defendiste, te reubico a un área que ni siquiera existe y, desafortunadamente, eso significa perder beneficios que tú te ganaste con tu trabajo de años”, dice quien juró trabajar por la ley y la justicia.
Y mientras yo, pensando en mis tamalitos, en las denuncias que avanzan y no, en el sindicato que no se mueve ni en defensa propia, ni por los empleados sindicalizados y mucho menos por los de confianza, cuya permanencia pende del hilo del servilismo y el silencio, pues si denuncian, se arriesgan a perder su empleo. Pienso en los empleados movidos de lugar a donde el capitolio apunte, en la página de la institución en la que trabajo y en la que no puedo ejercer mi libertad de expresión porque me tienen bloqueada, en el sistema de Carrera Administrativa a la que ya no tienen acceso los empleados de confianza, en la inexistente transparencia de los procesos y en el presupuesto. Ese presupuesto siempre insuficiente… ¿o casi siempre?
El día de hoy, 17 de febrero, llegó a mí un presente del capitolio. O más que un presente, una burla. Las autoridades que no tienen a bien procurar la justicia en SEECH, que violentan, abusan y son una importante fuente de estrés y ansiedad decidieron hacerme llegar una esponja con forma de corazón que sirve para aliviar el estrés. Para esto sí hubo presupuesto.
Y el regalo no llegó solo. Las mismas autoridades que tan benévolamente repartieron este infalible remedio para el estrés que generan, decidieron que era buena idea no cumplir con su palabra de entregar hoy, por escrito, una respuesta a mis demandas como estaba pactado. Recién pasado el 14 de febrero y ya encaminados de nuevo hacia el 8M, lejos de escuchar soluciones, la Dra. Cinthia Pallares me obsequió con una de esas frases cargadas de sororidad, justicia y amor: “Calladita y tranquila, sí le ayudamos”. ¡En verdad ha sido poseída por el espíritu de San Valentín!
Entonces, al parecer, no habrá negociación porque no comulgo con la idea de que “calladita me veo más bonita”. Al publicar esto, tanto la titular de la Dirección Jurídica como la misma Directora General, lo interpretarán como una rotunda negativa a negociar la justicia que la Dra. Pallares no deja de obsequiar a los pies de su jefa. Van a cumplir su amenaza de negarme el favor de la justicia y me van a castigar negándome mis derechos. ¿Más?
Sí, estoy amenazada. Lo digo alto y claro. Me dijeron que si hablo o publico cualquier cosa sobre el caso, no habrá negociación. Parece que la justicia es algo tan repugnante que debe ser ejercida a escondidas, y decir la verdad es delito grave.
¿Qué sigue? ¿Me quitarán el corazoncito de esponja?
Ya se siente en el aire. El 8M se acerca lento pero inevitable. La justicia en SEECH, en cambio, parece ir corriendo en sentido opuesto. Pero dentro de mi cabeza, como salido de lo más profundo de un frondoso bosque, resuena el silbido, el característico canto del Sinsajo que me recuerda que, igual que en la obra de Collins, la justicia a veces prevalece. Sonrío y me dispongo a luchar otro día más.
Viene también tiempo de elecciones. ¡Y que la suerte esté siempre a nuestro favor!



