Marchan en Chihuahua exigiendo justicia por el ingeniero chihuahuense Jesús Antonio de la O Valdez y los mineros asesinados en Concordia, Sinaloa

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Con paso silencioso y en completa calma, cientos de ciudadanos, trabajadores mineros, familiares y colegas se congregaron la mañana de hoy sábado para marchar desde la Glorieta Pancho Villa hasta la Plaza del Ángel, reclamando justicia por el asesinato del ingeniero en Ecología Jesús Antonio de la O Valdez y sus compañeros, trabajadores de una empresa minera que fueron secuestrados y asesinados en Concordia, Sinaloa.

La movilización, caracterizada por su solemnidad, tuvo como objetivo principal visibilizar el dolor y la indignación que embarga al gremio minero y a la sociedad tras conocerse la muerte de cinco de los diez trabajadores desaparecidos desde el 23 de enero, entre ellos el chihuahuense De la O Valdez, cuyo cuerpo fue localizado sin vida en una fosa clandestina en la comunidad de El Verde.

Al llegar a la Plaza del Ángel, los asistentes guardaron un minuto de silencio en memoria de las víctimas, y al cierre entonaron el Himno Nacional como gesto de unidad y respeto, cerrando con la lectura de un posicionamiento con demandas claras a autoridades, empresas y a la sociedad.

“El silencio no es neutral, implica responsabilidad”: palabras en el Ángel

Durante la lectura del pronunciamiento, se hizo un llamado firme y directo a los gobiernos federal y estatales para asumir la obligación constitucional de garantizar la seguridad, particularmente en zonas mineras, sin que esto sea tratado como promesa o promesa política, sino como una responsabilidad ineludible. Asimismo, se hizo hincapié en que:

La violencia normalizada no puede seguir siendo una condición laboral para quienes salen cada día a trabajar.

La pérdida de vidas no es una cifra en un reporte, sino una herida abierta en familias, hogares y comunidades enteras.

La inseguridad no debe ser tratada como mero riesgo operativo ni la violencia como una variable inevitable.

A las empresas se les exigió no priorizar la rentabilidad por encima de la vida humana, y que operar en territorios complejos exige responsabilidad más allá del mínimo indispensable.

A asociaciones, cámaras y clústeres se les reclamó unidad, pronunciamientos vigentes, vigilancia activa y propuestas concretas, para evitar que ningún trabajador salga a laborar con la incertidumbre de si regresará.

Se subrayó que la riqueza de la tierra mexicana no puede sostenerse a costa de vidas humanas, y que la dignidad y seguridad de quienes extraen esos recursos debe ser el centro de cualquier estrategia.

El discurso concluyó con un mensaje de solidaridad para las familias y una advertencia: el silencio ante la violencia también es una forma de responsabilidad.