Para ignorantes y perversos

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Por: Profr. José Luis Fernández Madrid

Ignorante: Que ignora o desconoce algo
Perverso: Sumamente malo, que causa daño intencionadamente.

Cuando se entra a un juego, invariablemente hay que ajustarse a las reglas del mismo y aunque éstas puedan ser consideradas justas o injustas, someterse a ellas es decisión propia y, de quien las haya implementado, es su deber hacerlas valer.

Si en nuestro sistema educativo existe la USICAMM como el ente que regula la admisión, la promoción y el reconocimiento (cuya calificación de su normativa y operación no es motivo del presente) los participantes en cualquiera de sus procesos son sujetos de la evaluación de cada uno de los pasos establecidos.

Tanto en educación Básica como en Media Superior, no hay opción ni sendero alterno: juegas con esas reglas o decides hacerte a un lado esperando otras condiciones, otras circunstancias, otro cuerpo regulatorio.

Los y las docentes lo saben y muchos hemos vivido o presenciado estos procesos para acceder a dar clases, para mejorar las percepciones o bien, para cambiar de función.

Por ello, se escucha o se lee perverso hacer afirmaciones sin asidero legal, producto más bien de la necesidad de denostar o minimizar el logro alcanzado por algún enlistado en la respectiva prelación.

Si las comentarios se emiten por ignorancia, se justifica, nadie sabemos todo, tan sencillo como estar informado y simplemente cambiar su percepción. La perversidad, en cambio, ni se justifica ni se tolera.

Declaraciones sin sustento que sugieren que las promociones y reconocimientos logrados son debido a acuerdos bajo la mesa o al pago de facturas, suena más bien a frustraciones, envidias o revanchismos por parte de quien las emite por sí mismo o por interpósitas personas.

Infravalorar el estudio, la dedicación y el tiempo empleado por los agraciados quienes además reunieron requisitos y cumplieron con los factores y su ponderación, saliendo así altos en sus calificaciones, insisto, es por desconocimiento o maldad.

Y más, suponer erróneamente lleva consigo una falta de respeto a las instituciones educativas que recibirán a los y las mejores en sus evaluaciones. Y si en éstas hay gente con profunda y arraigada identidad, el prestigio se defiende con uñas y dientes.

Para los ignorantes y perversos… Ahí está pues.