Por: Felipe Villa
El tiempo de gracia ha finalizado tres años después de que la Nueva Escuela Mexicana (NEM) transitó de las palabras a los hechos y ya no se trata de una idea teórica, sino de algo que está vivo y respira en las aulas, porque antes la oferta era atractiva: renunciar al sistema competitivo y uniformador por un modelo educativo con enfoque humanista y comunitario. Sin embargo, los resultados no son muy optimistas, por el contrario, indican una crisis silenciosa y lo que tenemos hoy no es un cambio paradigmático exitoso, sino la desintegración de la estructura pedagógica sin una sustitución.
- El desorden metodológico La secuencialidad del aprendizaje terminó con la desaparición de las asignaturas y su reemplazo por Campos Formativos, así como con el empleo exclusivo de la metodología basada en proyectos. Es un error pensar que un niño tiene la capacidad de aprender habilidades abstractas, como las matemáticas, a través de la resolución de problemas sociales.
Antes un alumno de 3º de Primaria dedicaba una hora diaria a Fracciones, en primer lugar, el concepto; luego la suma y, por último, la resta y además existía un libro de matemáticas que contenía 50 problemas progresivos. Hoy con la NEM no hay un libro de matemáticas porque el proyecto Hagamos una hortaliza escolar, aborda las fracciones de forma implícita (Campo Saberes y Pensamiento Científico). Por esta razón, el alumno pasa tres semanas elaborando el cartel de la hortaliza y discutiendo sobre la importancia del agua y de pronto, en solamente una lección, calcula qué proporción de la hortaliza son zanahorias. El resultado es que el alumno entiende el concepto social de la hortaliza, pero no logró automatizar la operación matemática debido a que no le ha dado suficiente repetición y ejercicio. Al llegar a 4º, no sabe sumar fracciones.
- El engaño del codiseño La autonomía curricular (codiseño) suena maravillosa porque permite que el Maestro adapte el contenido a su contexto, pero sin embargo en la práctica, el Estado abandonó su obligación de proporcionar una ruta establecida y dejó la labor de diseñar el currículo a profesores que ya estaban sobrecargados. En el CTE (Consejo Técnico Escolar) los docentes se congregan para dialogar sobre tácticas pedagógicas profundas que optimicen el aprendizaje. Sin embargo, en la realidad, los docentes emplean las sesiones del CTE en completar los formatos del Programa Analítico, documentos administrativos de gran tamaño en los que deben argumentar cómo vinculan el contenido nacional con la problemática de la basura en la colonia. El resultado nos presenta a un profesor fatigado de hacer planes complicados para cumplir con la burocracia y tener poco tiempo para preparar materiales de enseñanza o corregir tareas en donde finalmente, la figura del papel se coloca delante de la del educando.
- La pérdida de competencias duras y el sesgo ideológico
La NEM y los nuevos libros de texto gratuitos (LTG) tienen como objetivo construir un sujeto social y político, en lugar de uno cognitivo y técnico y se habla con frecuencia de lucha de clases y colonialismo, pero no tanto de computación, lógica o sintaxis. En el trabajo por proyectos en las aulas de secundaria exigen que los estudiantes organicen reuniones para discutir las injusticias que ocurren en la comunidad, pero después de la pandemia y el rezago, el alumno promedio de primer grado de secundaria tiene serias dificultades para leer y entender y se les exige hablar sobre conceptos sociológicos complejos (como la gentrificación o el neocolonialismo) sin poseer las herramientas básicas de vocabulario y comprensión lectora necesarias para entenderlos y al final, estamos formando estudiantes que repiten instrucciones, pero no comprenden un artículo científico o un manual técnico.
- La valoración simulada
La NEM ha aflojado considerablemente los criterios de calificación bajo el pretexto de que las notas encasillan y no valoran el proceso y con esto, la exigencia académica ha pasado a ser «permanencia» dentro del sistema. Por ejemplo, un alumno de segundo de secundaria asiste solo al 60% de las clases y no presenta las tareas que se hacen en grupo, pero la presión de la administración y la permisividad en las normas de control escolar hacen que el maestro tenga que establecer un 6 como nota mínima para no interrumpir el trayecto educativo y no tener que lidiar con la burocracia de justificar una reprobación y el alumno pasa de grado creyendo que no pasa nada si no cumple, es decir el sistema otorga un certificado de ignorancia.
La mayor desigualdad, irónicamente, es el daño más grande de la Nueva Escuela Mexicana después de tres años porque las escuelas privadas han adquirido sistemas externos para suplir las carencias de la NEM, a la vez que las escuelas públicas se distraen en proyectos comunitarios sin rigurosidad matemática. Estamos generando un México de dos velocidades, una minoría que se instruye en inglés, tecnología y matemáticas con rigurosidad y una mayoría que es educada con buena voluntad social, aunque con herramientas cognitivas oxidadas y los resultados no son buenos, son para proclamar una emergencia a nivel nacional.
A tres años de su implementación, la evidencia es clara, la Nueva Escuela Mexicana ha priorizado la narrativa ideológica sobre la eficacia pedagógica, porque al desmantelar la estructura lógica de las asignaturas y estigmatizar la evaluación, no se ha logrado una educación más humanista, sino una más deficiente. El resultado es un sistema educativo que simula avances mientras profundiza el rezago en habilidades críticas como las matemáticas y la lectura y continuar por este camino sin rectificar no es un acto de transformación, sino una condena al estancamiento para millones de estudiantes que merecen herramientas reales para enfrentar el futuro, no solo discursos.




