2026, Comenzar desde adentro

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Por Dra. Nicté Ortiz

#puntodevista

#palabrademujer

Con el tiempo he aprendido que un nuevo inicio puede ser profundamente sanador cuando no se impone, cuando no exige una versión idealizada de quienes somos. Durante mucho tiempo pensé que empezar significaba hacerlo “mejor”, más fuerte, más resuelto. Hoy entiendo que no siempre va por ahí. Desde hace años, distintas corrientes de la psicología han señalado que el bienestar no nace de forzarnos, sino de aceptarnos tal como estamos en el momento presente. Un inicio sana cuando se permite ser humano: cuando reconoce cansancio, duda, miedo o incertidumbre, y aun así decide avanzar con amabilidad. Para mí, comenzar desde adentro es un acto de respeto propio. Es escuchar el ritmo interno antes de correr hacia afuera. Estamos tan presionados por el exterior que a veces olvidamos algo esencial: el cuerpo y el cerebro necesitan coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos para generar calma y equilibrio.

También he descubierto que quizá no se trata de empezar de nuevo, sino de empezar distinto. Con otra energía. Con mayor conciencia. En física se dice que la energía no desaparece, solo se transforma, y algo parecido ocurre con nuestras experiencias. No podemos cambiar el pasado ni la energía que ya existió, pero sí podemos aprender de ella y elegir cómo la manejamos hoy. La forma en que iniciamos marca el tono del camino, porque los primeros impulsos crean dirección. Cuando elijo empezar con presencia, con intención y con cuidado, el inicio deja de sentirse como una meta que presiona.

Iniciar con conciencia, al menos para mí, implica detenerme a observarme. Preguntarme desde dónde estoy empezando. La conciencia es simplemente la capacidad de darnos cuenta de lo que pasa dentro: pensamientos, emociones, sensaciones corporales. Y cuando aparece esa claridad, algo se mueve. La energía cambia. No es lo mismo comenzar desde la prisa —ese estado que mantiene al cerebro en alerta constante— que hacerlo desde la claridad, que favorece la regulación y el equilibrio. No es lo mismo iniciar desde el miedo que desde la confianza; desde la obligación que desde el deseo. La conciencia me permite elegir mi actuar y recordarme que no todo inicio necesita ser perfecto.

Con los años también he entendido que los inicios no empiezan donde solemos creer. No nacen realmente en una fecha, en una decisión externa o en un cambio visible. Todo inicio verdadero comienza primero dentro, en la intención. Y la intención también es energía. Poner atención es, en muchos sentidos, una forma de invertir energía y vale la pena esa inversión. Habitar un inicio no es solo atravesarlo; es estar presentes en él. La energía con la que llegamos a un nuevo comienzo termina reflejándose, tarde o temprano, en sus resultados.

Nada de lo que habitamos es neutro. Una casa, una relación, un trabajo o un proyecto se cargan de la energía con la que llegamos y de la intención con la que los sostenemos. El estado emocional influye directamente en la calidad de los vínculos, en la toma de decisiones y en la percepción del bienestar. Empezar desde adentro es reconocer que somos parte activa de lo que construimos. Que la energía no está afuera esperando cambiarnos la vida, sino dentro, esperando ser elegida con conciencia.

Para comenzar desde adentro, en este momento de mi vida, no necesito grandes rituales ni cambios radicales. Me sugiero ir más despacio. Habitar el presente, aun cuando incomode, y permitirme estar donde estoy. Respirar con conciencia como una forma sencilla de regresar al cuerpo cuando la mente se adelanta. Reconocer lo que siento y nombrarlo sin juicio, entendiendo que las emociones nos enseñan quiénes somos hoy y también quiénes podemos llegar a ser. Luego, intencionar el día con suavidad, no como una exigencia, sino como una dirección posible. Y alinear pensamiento, emoción y acción para caminar con mayor honestidad interna. No para hacerlo perfecto. No para empezar de cero. Sino para vivir con más paz. Para que la calma no sea una meta lejana, sino una forma cotidiana de habitar la vida.

Un inicio así, con la intención llena de energía creadora, puede sostenerse y acompañarnos siempre. Que no se quede en una fecha, en una etapa o en una reacción momentánea. Comenzar desde adentro es un ejercicio diario. Hoy pienso los inicios no como una línea recta, sino como un espiral. La vida no avanza en trazos perfectos; vuelve, rodea, se repliega y se expande. Como un rizoma, la vida humana no tiene un solo centro ni un único inicio; crece hacia múltiples direcciones, aprende de cada nudo y encuentra nuevas formas de sostenerse. Vivir ese movimiento implica confiar en que siempre es posible volver, resignificar y crecer. No empezamos una sola vez. Empezamos muchas. Y cada vez, si hay conciencia, el inicio puede ser más libre, más nuestro, más vivo. ¿Y tú, cuál es tu #puntodevista?