Iglesia y VIHDA

Por: Conferencia del Episcopado Mexicano

A varias décadas de que el SIDA (Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida) fuese considerado como una pandemia, conviene presentar a la sociedad de México y a todos los que estén interesados, una muestra del trabajo que desde hace muchos años realiza la Iglesia Católica en México en este ámbito, dejando por un momento de lado, la enorme contribución que ha dado al mundo, y muy en especial al continente africano, el más dañado a causa de esta terrible enfermedad.

En este estudio se busca presentar en qué ha consistido la ayuda que la Iglesia entrega a los enfermos de VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana) y SIDA en México, y mostrar las acciones concretas y la respuesta que la Iglesia ha desarrollado oportunamente en el tratamiento, la prevención y la sensibilización ante este enorme flagelo.

 

Antecedentes

Frente a lo que hace unos años fue catalogada como la catástrofe sanitaria más grande del mundo, el Papa Juan Pablo II en el año 2004, hizo la invitación para que en el tratamiento contra el SIDA todos se sintieran involucrados.

“Corresponde a los gobernantes y a las autoridades civiles proporcionar, sobre este tema, informaciones claras y correctas al servicio de los ciudadanos, así como dedicar recursos suficientes a la educación de los jóvenes y al cuidado de la salud. Aliento a los organismos internacionales a promover, en este campo, iniciativas inspiradas en la sabiduría y en la solidaridad, buscando siempre defender la dignidad humana y tutelar el derecho inviolable a la vida”.[1]

El Papa Juan Pablo II exhortó al mundo, a unirse generosamente y especialmente a los pastores de África, a fin de afrontar eficazmente la emergencia.

“El Consejo pontificio para la pastoral de la salud dará, como lo ha hecho en el pasado, su contribución para coordinar y promover esa cooperación, solicitando la aportación concreta de todas las Conferencias Episcopales”.[2]

En el año 2010 la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, Brasil, alienta a las iglesias particulares para que en sus comités de Pastoral de la Salud den prioridad y fomenten una atención pastoral a las personas que viven con VIH y SIDA; que promuevan el acompañamiento comprensivo, misericordioso por una parte, y por otra, la defensa de los derechos de las personas infectadas que implementen la información, promuevan la educación y la prevención, con criterios éticos, principalmente dirigidos a las nuevas generaciones, para que despierten la conciencia de todos para contener esta pandemia. .[3]

Para ese momento histórico, e incluso desde antes, ya existían muchos hombres y mujeres de fe, sacerdotes, religiosas y laicos que ejecutaban acciones concretas en favor de estos enfermos: organizaciones civiles, congregaciones religiosas y organizaciones parroquiales, que brindaban con solidaridad y amor, acompañamiento ante las inquietudes, el tratamiento y el cómo prevenir su transmisión.

Los obispos de México, acuerdan vincular a la Comisión Episcopal para la Pastoral Social para ejecutar una campaña de sensibilización y atención a los enfermos de VIH y SIDA, que se detalla en este estudio más adelante

En tanto que gran parte de la sociedad en ese momento hace distinciones a los enfermos que viven con este virus y síndrome, la Iglesia logra desarrollar un trabajo cada vez más articulado y profesional para la atención de las personas con VIH y SIDA. Trabajo que continúa hasta nuestros días y que deja de manifiesto que la Iglesia siempre acoge con amor fraterno a todos los hermanos.

 

I. Atención Integral para el VIH y SIDA

Un enfermo de VIH y SIDA en México, puede acceder a los servicios de salud pública para la atención y el tratamiento de esta enfermedad a través de los Centros Ambulatorios para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual, también denominados: Capasits. Éstos, son unidades de salud que proporcionan servicios especializados (los servicios incluyen apoyo psicológico, de salud y de trabajo social).[4] Por pertenecer al sector público, pueden acceder a sus servicios todas las personas que lo necesiten. Ahí les brindan atención de lunes a viernes en un horario que puede ser, desde las 08:00 a.m. y hasta las 20:00 hrs. Sin embargo, es vital considerar que las personas con VIH y SIDA, se encuentran inmersas en un halo de discriminación y estigma que los afecta en ámbitos de su vida personal, familiar, social y laboral, por lo que es probable que en esta situación se presenten problemáticas que no necesariamente alcanzan a ser resueltas en estos Centros Ambulatorios.

Contrario a la imagen que se ha pretendido mostrar a la sociedad, de una Iglesia que discrimina y es intolerante, la Iglesia de forma sigilosa y reservada, despliega una cooperación continua y solidaria para la atención a los enfermos de VIH y SIDA.

Esta atención se brinda a través de lo que el Papa Francisco ha denominado: Cuidados Paliativos. La Iglesia es sensible ante el dolor y siguiendo la voz del Papa, ha impulsado los cuidados paliativos como una “expresión de la actitud propiamente humana de cuidarse unos a otros, especialmente a quien sufre esta actitud. Testimonia que la persona humana es siempre valiosa, aunque esté marcada por la ancianidad y la enfermedad. En efecto, la persona, en cualquier circunstancia, es un bien para sí misma y para los demás, y es amada por Dios. Por eso, cuando su vida se vuelve muy frágil y se acerca la conclusión de su existencia terrena, sentimos la responsabilidad de asistirla y acompañarla del mejor modo”.[5] Los cuidados paliativos, son mucho más que una mera asistencia médica al enfermo. Este servicio lo da la Iglesia porque está llamada por vocación a ir al encuentro del otro.

En México estos cuidados paliativos se ejecutan a través de dos espacios activos denominados: Albergues y Centros de Atención, aunque también se realizan a través de un numeroso movimiento laical, organizado en todo el país como un esfuerzo subyacente en la Iglesia y que será verá a continuación.

 

Espacios activos de la Iglesia para el VIH y SIDA

Muchos de los enfermos de VIH y SIDA se quedan sin hogar, porque sufren de la exclusión familiar, varios de ellos son expulsados de sus trabajos, señalados en sus escuelas al manifestar ser enfermos VIH y SIDA. Eso sin considerar a todos los niños y niñas que desde su nacimiento lo adquieren. Debido a todas estas razones, es primordial que encuentren un espacio que les brinde mucho más que atención médica oportuna. Los enfermos de VIH y SIDA, requieren un trabajo personal e individualizado, porque cada uno tiene circunstancias diferentes.

Los albergues con que cuenta la Iglesia son de dos tipos. Uno de ellos dedica su atención al tratamiento de enfermos de VIH y SIDA. Otros brindan su atención a enfermos terminales entre los que se incluyen los afectados por el SIDA

 

a) Albergues para enfermos de VIH y SIDA

Los albergues para enfermos de VIH y SIDA que la Iglesia dirige, están repartidos a lo largo del país y se han logrado contabilizar once. Pueden acceder a la atención que en ellos se brinda, todas las personas que lo requieran. Desde luego, que en cada albergue se atiende a una población distinta. Son una alternativa de atención a los enfermos de VIH y SIDA, porque estos albergues constituyen una comunidad que abraza, son signo de una Iglesia abierta, como un hospital de campaña[6] que cobija al hermano y a la hermana, que acompaña a la persona, que la dignifica, que vela por sus intereses, que atiende a sus necesidades, sin juzgar, sin señalar, sin condicionar, sin prejuicios.

En estos albergues un enfermo encuentra: atención alimentaria, albergue temporal, apoyo legal profesional, atención psicológica, nutricional, canalización médica, capacitación para que el enfermo pueda reintegrarse productivamente a la sociedad. Otorgan servicios de laboratorios para pruebas diversas, medicamentos, transportación, recreación, gastos funerarios, y  no menos importante el apoyo espiritual.[7]

El servicio que se da a los enfermos de VIH y SIDA considera también una colaboración intrínseca con los familiares y amigos de los enfermos, con el objetivo de abatir la desinformación a fin de mejorar su calidad de vida, y para fortalecer su dignidad como ser humano.[8]

A pesar de los enormes esfuerzos que cada uno de estos albergues lleva a cabo para dar servicio a los enfermos y de que operan con donativos y voluntariado, algunos de ellos han logrado ser incluso galardonados por su trabajo. Son instituciones vinculadas con otras organizaciones nacionales e internacionales especializadas en el tema. Siempre en congruencia, con una mirada respetuosa y comprometida.

 

b) Albergues para enfermos terminales de SIDA

El número de albergues católicos que atienden a enfermos terminales de por sí es muy extenso, es por ello que aún no se logra obtener un conteo preciso para definir quiénes de ellos atienden entre sus enfermos en fase terminal aquellos con SIDA. Lo que sí conocemos es que estos albergues son dirigidos primordialmente por congregaciones religiosas femeninas, por su vocación de servicio al hermano y que muchas veces son asistidas en su labor, por un sacerdote.

Los enfermos de SIDA, no son discriminados o señalados por quienes trabajan en estos lugares, todo lo contrario, el servicio que les dan ahí es un signo palpable del amor de Dios. Ahí les dan un techo, los bañan, los visten, les sirven los alimentos (y a quienes lo necesitan les llevan el bocado a la boca), les suministran sus medicamentos, lavan su ropa, los acompañan, los reconfortan. En estos albergues terminales, los enfermos de SIDA encuentran  un espacio de acompañamiento para atravesar su dolor físico y fortalecer su  ánimo espiritual.

Porque el principal objetivo es hacerles ver que Dios los ama, a pesar de que ellos se sientan marginados y rechazados incluso por sus propios familiares.

Estos albergues se sostienen a base de donativos y mucho trabajo de voluntariado, que colabora en diversas actividades como: la limpieza, la cocina, llevando a la gente al servicio médico, etc. Es un trabajo más asistencialista, pero no por ello menos importante para el hermano que sufre

 

Centros de atención, formación y prevención del VIH y SIDA

Existen por otro lado los centros de atención, formación y prevención del VIH y SIDA dirigidos por la Iglesia católica, quienes desarrollan un trabajo muy importante en lo que respecta a la prevención y la formación. Lo hacen a través de la impartición de talleres y folletos formativos, e informativos, así como el servicio de pruebas rápidas de VIH.[9]

Una tarea importantísima para ellos es la concientización de las implicaciones de la enfermedad y sus cuidados.  En lo que respecta al servicio a los enfermos, su labor parte del acompañamiento fraterno, que consiste en asistir al enfermo en todas sus necesidades, las cuales pueden ser atención psicológica, jurídica, de alimentación, en despensas y médica, o puede derivar de la guía hacia un Capasits.

 

Movimientos de Agentes de Pastoral de la Salud

Es desconocido y poco valorado el apostolado que muchos laicos llevan a cabo en el tema de la pastoral de la salud, en distintas parroquias por todo México, sin embargo, existen varias organizaciones de laicos, que son dirigidas e impulsadas por muchos sacerdotes y desde la Pastoral de la Salud, que consiste en llevar directamente a los hospitales, clínicas de salud, e incluso hasta el propio hogar del enfermo, atención y acompañamiento. Y por supuesto que los enfermos de VIH y SIDA no son la excepción en este servicio.

Estos laicos, que en la Iglesia también son llamados: Agentes de Pastoral de la Salud, son personas de buena voluntad que realizan una misión de cuidadores de enfermos, sin costo alguno, y con mucha caridad y amor. Son personas que donan su tiempo y entregan su vida al servicio del otro. Y están tan entregados a su vocación que desarrollan muchas virtudes como la serenidad y la paciencia, porque esta labor de visitar al enfermo, implica el acompañamiento en el dolor, tanto del enfermo, como de sus familiares.

Un agente de pastoral de la salud, ofrece una escucha y un silencio activo -cuando se amerita- porque su objetivo, no es ser protagonista, sino poder mostrar -a través de su servicio- el amor de Cristo.

II. Campaña de la Iglesia para el VIH y SIDA

Los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), atienden al llamado del Papa Juan Pablo II en el año 2004, y en respuesta a la determinación del Papa de una estrategia para atender a enfermos de VIH y SIDA y para combatir su transmisión, se realiza una colecta en atención a los enfermos del continente africano. Y al evaluar cómo esta enfermedad afecta también al pueblo de México, los obispos se manifiestan a favor de responder desde la pastoral social a este problema de salud global.

Esta acción de los obispos fue ejecutada por la Comisión Episcopal para la Pastoral Social (CEPS) en colaboración con las Comisiones de Pastoral de la Salud, Familiar y Juvenil, quienes invitaron a personas de la Universidad Iberoamericana del campus Puebla a desarrollar un proyecto que respondiera a los desafíos que se presentaban en ese momento coyuntural.

Se sumaron a esta iniciativa en ejecución, Cáritas Mexicana y CAFOD (Catholic Internacional Development Charity).[10] Además de organizaciones civiles dirigidas por católicos que, llegaron a conformar una Red de Organizaciones de Inspiración Cristiana con trabajo en VIH y SIDA vigente hasta el año 2014.

Este trabajo interdisciplinario y de vinculación permitió la realización de una campaña denominada “La Iglesia en México: Esperanza de VIHda”, que trabajó con cuatro principios: incluir, amar, orar y educar. Su objetivo fue el promover y acompañar a equipos diocesanos de base, a través de una educación de las relaciones afectivas, y VIH que disminuyera la exclusión y el estigma, desarrollando acciones concretas (solidaridad, atención y prevención).[11]

Una de esas acciones provocó la elaboración y publicación de tres materiales didácticos y complementarios, de apoyo a la campaña de sensibilización que difundió la propia Iglesia y  descritos a continuación.[12]

1. Una Guía Parroquial, basada en la metodología ver, juzgar, actuar y celebrar que se diseñó para ser presentada en parroquias y escuelas que busca despertar el interés para que las personas que tomen el curso, adquirieran conciencia de la marginación que viven las personas con VIH. También es una guía formativa que explica la forma de transmisión. Además presentar un panorama de acción pastoral para involucrar a todos a participar en la atención de estos enfermos[13].

2. Un documento de orientaciones, de parte de los obispos de México titulado: Nuestra fe en acción para la vida digna de nuestros hermanos y hermanas con VIH,[14] desde donde se pretende mostrar la realidad del VIH y sus consecuencias en la sociedad mexicana.

3. Un material en video. Que incluye imágenes de la campaña, videos y spots de radio para fomentar una pastoral con personas que viven VIH, así también para promover el acompañamiento comprensivo misericordioso y la defensa de sus derechos.

El proyecto llegó a tal articulación que incluso generó un Consejo Directivo, encargado de conjugar los esfuerzos y dar directrices al trabajo para pugnar por la crisis de salud existente en este tema.

La campaña incluyó la participación en foros como Diálogos Sociales, y con instituciones de salud como CONASIDA, entre otras.

Actualmente continúan en trabajo muchas de las organizaciones civiles de inspiración cristiana, y los vínculos que establecieron en ese momento permitieron sentar las bases de un trabajo en colaboración. La campaña  que se mantiene hasta el día de hoy, aunque con otros tintes y directrices, es la muestra de que la iglesia desempeña un compromiso fraterno y solidario en favor del más desprotegido y vulnerable.

 

 Conclusión

El VIH y SIDA no es solamente un problema de salud, es un problema de carácter humano, es por ello que la Iglesia siguiendo su vocación al estilo de Jesús, se lanza como el buen samaritano a dar consuelo y amor incondicional.

La iglesia ama sin distinción, sin culpas y sin límites, y por eso despliega todas sus herramientas en favor de la atención de estos hermanos.  Sus albergues, sus centros de atención, sus laicos comprometidos, sus obispos, sus sacerdotes, sus religiosos y sus religiosas son solamente una muestra de que para la Iglesia no existen barreras. Porque la Iglesia es una comunidad que abraza al desprotegido.

 

Agradecimiento

Este estudio fue posible por la colaboración de: la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, de la Comisión de Pastoral de la Salud, de los diversos albergues y centros de atención que permitieron un acercamiento a su tarea y actividades cotidianas. A ellos y a todos sus colaboradores, una felicitación por su amor y dedicación a este trabajo incansable.