Llevo 7 años enseñando a niños y niñas migrantes y no cambiaría esta profesión: Maestra Judith Montes Lara

- Es profesora, directora y conserje de la Escuela- Albergue “La Esperanza”

Chihuahua, Chih.- “Me encanta trabajar con niños migrantes, no cambiaría esta profesión”, expresa con satisfacción la maestra Judith Montes Lara, profesora de 38 años, quién trabaja en el Albergue  “La Esperanza”, en donde se atiende a niños, niñas y jóvenes migrantes.

Graduada de la Escuela de Trabajo Social del Estado, Judith es una docente de escuela unitaria, en donde se imparten clases a estudiantes de distintos grados a la vez.

Montes es ahí no solo profesora, sino también la directora y conserje del lugar a donde  llegan cada ciclo escolar agrícola, hijos e hijas de familias campesinas indígenas, procedentes en su mayoría del sur del país, quienes  arriban a Chihuahua para trabajar en labores agrícolas temporales.

En entrevista Judith Montes Lara, habla sobre el  amor que tiene por su profesión de docente, la entrega a su trabajo y dedicación a esta labor, en donde, recuerde, se trabaja con los niños y niñas más vulnerables del país.

Buscando un sitio en donde poder dormir, alimentarse y que sus hijos puedan estudiar Preescolar, Primaria o Secundaria, en los meses de marzo y abril, llegan decenas de  familias migrantes a “La Esperanza”, albergue ubicado en el Kilómetro 9, en la colonia Morelos, junto a la carretera a Delicias, en la localidad de Rosetilla.

“Tengo más de siete años, entregada a esta profesión que me satisface, porque ayudar a un niño migrante a que pueda leer y escribir, o mostrarle como hacer operaciones matemáticas, en poco tiempo, es algo indescriptible”, puntualiza.

Comenta que a este albergue llegan familias migrantes ”y recibimos en la escuela a más de 35 niños, niñas y adolescentes, con edades desde los  3 años de edad, formando dos grupos; el multinivel, que son sobre todo segundo y tercer grado de primaria y  el multigrado, con infantes de segundo y tercer año de preescolar”.

¿Cómo son las actividades escolares?

De las 8:00 a las 12:30 horas, de lunes a viernes, los y las menores reciben su desayuno y luego la comida, trabajando durante la jornada en los salones de clases; uno es aula móvil y el otro fijo, donde se alteran los dos grupos, enseñándoles temas que les ayudan a aprender los contenidos señalados en este sistema de enseñanza y que les ayudan en su evaluación.

En dicha modalidad un niño o niña cursa aquí  un determinado grado escolar y al terminar el trabajo agrícola, su familia sigue viajando a otros estados en donde son inscritos en otra escuela similar, para continuar su educación básica.

-“Aquí en “La Esperanza”, los dotamos de materiales escolares, como son mochilas, cuaderno, lápices, colores y todo lo esencial para que puedan realizar sus actividades escolares, así como juegos de geometría para los alumnos mayor edad”, explica la maestra.

Añade que parte de su labor inicial como docente es hacer trabajo de convencimiento a los padres de los niños y niñas, para que les permitan estar en la escuela, pues aún hay familias en donde no siempre se accede a dejar a los pequeños estudiar, pues requieren del trabajo de todos.

-“Cada ciclo escolar agrícola tengo que dialogar con los padres de familia, para que dejen a sus hijos e hijas acudir a recibir educación, quienes en la mayoría de los casos se gradúan, expresa con una sonrisa la maestra de migrantes.

¿Los alumnos que reciben en el albergue, de qué estados o comunidades son?

-“Aquí en el centro escolar, recibimos por ejemplo niños y niñas de la comunidad Tlapa de Comonfort, ubicada en el estado de Guerrero;  también tenemos alumnos de Sinaloa, y propios del estado de Chihuahua”.

Agrega que es un gran reto trabajar con alumnos migrantes temporales, pues no es fácil, porque hay que convencer a sus familias de que la educación es importante para el futuro del menor, mientras para los padres de estas familias jornaleras, el interés principal no siempre es la educación, sino la subsistencia y el trabajo de todos sus integrantes para ayudar más a la economía del hogar.

En el caso particular de esta escuela albergue, las familias que ahí se alojan, trabajan para un productor que requiere de sus servicios para la pizca de chile jalapeño y por lo regular el padre o madre de familia ganan unos mil pesos semanales, pero entre más manos ayuden, la paga es mejor, cuando se recolecta mayor cantidad del producto.

¿Los alumnos y alumnas; qué lengua materna hablan?

-“Hablan lenguas como tlapaneco, mixteco  náhuatl y  claro, español.

¿Cómo es la interacción con quienes que no hablan español?

-“Con juegos didácticos, como el rompecabezas; ellos aprenden y los hermanos más grandes ayudan a que el menor pueda entender las dinámicas educativas, con ello se integra un aprendizaje colectivo”.

Entre las experiencias y anécdotas que recuerda en su labor de años en dicho centro de trabajo, recuerda que en el Ciclo Escolar 2015, había una familia con 5 hermanos, con edades entre 5 y 12 años, quienes casi no avanzaban en sus  aprendizajes, hasta que un buen día, uno de ellos dijo:

- “Maestra, verdad que se dice cuaderno”. Eso para mí fue una gran logro, ya que algunos alumnos sienten vergüenza de hablar otro idioma que no sea el suyo, pero si otro niño interactúa con ellos, pueden aprender más a hablar con otras variantes”.

¿Existe alguna dinámica educativa que a los estudiantes les guste realizar en clase?

-Sí, a ellos les encanta jugar a “La Tiendita”, con esta estrategia de aprendizaje, los alumnos se motivan a aprender a sumar y restar, además de leer y escribir; también hay otras como el rompecabezas, Tangrama y la Lotería de Valores.

¿Cómo se evalúa al niño migrante?

-Cuando los niños van de uno centro escolar a otro, los docentes registran al alumno en el Sistema Nacional de Control Escolar de Población Migrante, de la Dirección General de Educación Indígena de la SEP, ahí se rastrean sus calificaciones para saber los resultados obtenidos en su anterior escuela.