De madre a madre

Por: Martha Retana

Como madre tengo una enorme duda en constante movimiento en lo que es mejor para mis hijos y lo que no. Con el uso de las tecnologías nos hemos enfrentado a un cambio desenfrenado de actualizaciones y estímulos que el cerebro difícilmente digiere en su plenitud, en cada paso que damos podemos saborear el aire a nuestro alrededor, sentir la temperatura, las texturas que nuestro cuerpo invaden, los sonidos de los automóviles puesto que es complicado oír a la naturaleza entre tanta contaminación, nos centramos a diario en escuchar solo lo que consideramos importante, ya sea un silbato de un servidor público que guía el tránsito, la voz estresada del jefe para que cumplas sus objetivos, las mismas teclas de tu procesador o bien, los múltiples mensajes que llegan como si fuera una parvada de árboles con virus, los cuales no sabes si responder y en qué momento responder porque esperas mensajes importantes de tu vida laboral o de la escuela de tus hijos, o bien, de los amigos que te mandan una “sonrisa” matutina; dentro de estos mensajes he visto y como no, sentido, miles de actitudes de cada “contacto”, porque ahora dejaron de ser amigos para ser contactos los amigos, o bien, en redes sociales soy la persona más amiguera que la de hace años, tengo muchos amigos, los cuales pasaron de ser contactos para ser amigos según una red social y sus absurdas definiciones que me marcan qué y cómo debo hacer las cosas, hasta me pregunta qué estoy pensando, y si tengo una conversación importante con alguien, aparecen mensajes publicitarios con algún promocional acerca de mi conversación, compartimos en otra red nuestros mejores momentos, pero quién puede decirnos qué es nuestro mejor momento, si los peores momentos en nuestras vidas no son excepciones borradas o tormentosas, o fotos que captamos para evitar sentir y la compartimos para que vean lo feliz que soy, cuando en vez de haber sentido en plenitud ese momento tomé un dispositivo para captar el posible momento feliz.

Cuando nací, ciertamente no recuerdo absolutamente, pero si recuerdo mi infancia sin caer en lo tradicionalista o conservadora, recuerdo haberme caído muchísimas veces en suelos que en esas fechas hasta categoría tenían y sabía sus consecuencias, sentí tres o cuatro pelotazos en el estómago que me sofocaron hasta recaer en la idea de no volver a jugar jamás con un balón de fut!, me ahogué dos veces por intentar ser una experta nadadora, creo que a lo más que llegué fue a ser una experta flotadora. Trepé árboles y ahí sí me consideraba experta buscadora de hogares de aves, me encantaba tomar huevecillos para enseñárselos a mi mamá. Antes mis problemas se resolvían caminando cuadras de calles empolvadas para ir a buscar a mi amiga y contarle que me habían regañado por no querer ayudar en casa, y después de mucho esfuerzo bajé del árbol en donde me refugiaba de las reprimendas de mi hermana mayor. Claro que me hicieron builiyng en la escuela, infinidad de veces, en la escuela había grupitos de todos, a mí no me gustaban, me gustaba estar solo con una o dos amigas a lo mucho, pero en la prepa vaya que tuve amigos, otros cantares…

Cada momento era especial y lo digo con añoranza, ahora somos, sin verme tan fatalista, autores intelectuales de muchos accidentes, solicitamos ser “vistos” y respondidos al instante de manera infantil un mensaje, porque llamadas ya hacemos pocas, y visitas menos. Evitamos el contacto humano a como dé lugar, decimos que amamos cuando realmente se nos ha estado olvidando cómo nace o crece el amor, creemos que con un emoticón ya ligué a un chico o creo en las palabras de mi “mejor amiga” cuando me dice que se siente super feliz y evito escuchar su voz, solo me quedo con una respuesta entrando al conformismo y satisfacción personal de lo buena y maravillosa amiga que soy, cuando evité hablarle en el momento que me dijo que estaba feliz, y quizá yéndome a un “supuesto” estaba muriendo de dolor, y su cara de felicidad era para que la dejara en paz; o quizá al llamarle ella me irradiara de su luz y la felicidad la desbordáramos juntas, cuántos lazos se evitaron con un “contacto virtual”? cuántas emociones dejé de sentir? Es una nueva tendencia, mas solo es una tendencia, porque esta se actualiza día a día, yo no me actualizo tan rápido como las tecnologías, cuánto tiempo tardo en asimilar un rayo de luz, el sabor de mi café en la mañana, mi canción favorita, agregando todas mis pulsiones (1).

(1) Bajo esta premisa Freud planteará la definición de Trieb -pulsión- que devendrá uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis. Si bien el término está extraído de otros ámbitos de la ciencia, será en el psicoanálisis donde adquirirá un carácter absolutamente radical y singular. Introduce, de este modo, el concepto de pulsión a partir del de estímulo, y procede estableciendo sus diferencias. Si bien la pulsión es un estímulo para lo psíquico, ésta se distingue de otros estímulos fisiológicos por varias razones: primero, el estímulo pulsional no proviene del mundo exterior, sino del interior del organismo. Segundo, la pulsión es una fuerza constante a diferencia del estímulo que opera como una fuerza de choque momentánea; y tercero, si bien al estímulo ante su fuente se lo puede despachar mediante una huída motriz, a la pulsión tan sólo se la puede cancelar mediante su satisfacción.
La idea de Freud es que el sistema nervioso es un aparato que pretende librarse de los estímulos y rebajarlos al nivel mínimo posible; de esto depende el sostén del Principio del placer. Por esto -plantea- las pulsiones suponen un trabajo mucho más exigente para el sistema nervioso y esta exigencia es la que ha contribuido a su desarrollo. El Principio del placer entonces, rige la actividad del aparato psíquico. Si el placer está vinculado a la disminución de los estímulos, el displacer lo está a su aumento. La idea central que sostiene Freud en el texto es que la pulsión es un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático y por tanto está implicada, necesariamente, en estos dos campos.

Tomando en cuenta los estímulos externos más los internos, más las exigencias del medio ambiente, ahora la vida “paralela” virtual, la cual de manera personal así la llamo. Nos estamos perdiendo grandes momentos de establecer lazos, de conocer verdaderamente personas valiosas más que falsos perfiles de imagen idealizada de nosotros mismos, basada solo en emoticones, memes ofensivos o “burlones” disfrazados de graciosos.

Las tecnologías son tan solo herramientas que simplifican y mejoran procesos, son grandes oportunidades de difusión de la información, facilitador de la comunicación, de relación de redes de investigación, facilita la búsqueda de información, etc. todo en pro de la mejora del ser humano, no del deshumanismo como ahora lo he visto en mi y en mis seres queridos más cercanos.

He estado en contacto con personas cara a cara que no sienten nada al dañar a otro semejante, también a ellos les facilita el comercio y encuentran formas factibles para dañar en su propio beneficio, ellos son parte también de esta humanidad, antes podíamos evitar que los hijos fueran a lugares o visitaran a amigos de dudosa reputación; ahora es muy sencillo disfrazarte de amigo, muchos lo hacemos con esta nueva faceta virtual. Podemos tocar los valores y bases familiares, amor y cuidados, pero cómo educar en base a esta nueva modalidad de “relaciones humanas”.

Cuando compro un equipo tecnológico a veces deseo recibir al igual de un manual de operación, uno de manejo de emociones, de educación familiar tal vez, o por qué no una línea de acción de algún proyecto de investigación de alguna Institución Educativa de alto nivel que esté amorosamente encausando sus recursos para ayudar a los padres de familia en estas premisas o problemas de educación tecnológica y de relaciones humanas versión 2.0.17.

Sé que al manifestar a otros padres de familia mi sentir me ayudará a poner un orden a mis ideas y acortar el camino al encuentro con una solución.