El momento comunista

Por: Víctor M. Quintana S.

Víctor M. Quintana S.
 
Agradezco infinitamente que se me haya invitado a este panel, sin haber sido yo miembro del Partido Comunista Mexicano. Acepté participar porque, como sociólogo y como activista, quiero hacer una modesta aportación a lo que el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos lama “la Sociología de las Ausencias”.  Esto significa resaltar los aportes que al presente de México y de Chihuahua hicieron las mujeres y los hombres del PCM porque si no el pasado recuperado será un pasado incompleto, injusto. Por eso, aunque suene pedante, tenemos que comenzar por hacer una justicia epistémica, siguiendo al mismo Boaventura.
 
Voy a comenzar con una cita del recientemente fallecido periodista y literato John Berger:
 
“Un movimiento describe un gran grupo de personas que colectivamente se mueven hacia un objetivo el cual logran o no pueden lograr. Pero dicha descripción ignora las innumerables decisiones personales, los encuentros, las iluminaciones, los sacrificios, los nuevos deseos, los pesares y, finalmente las memorias que este movimiento hace emerger y que, en sentido estricto, serían incidentales. La promesa de un movimiento sería su victoria futura, mientras que las promesas de esos momentos incidentales, tienen un efecto instantáneo. En su intensidad vital o en su tragedia, tales momentos incluyen aquellas experiencias de una libertad de acción. Momentos así son trascendentales, como ningún “resultado histórico” puede serlo”.
 
De esto precisamente quiero invitarlos a reflexionar, camaradas. No me interesa tanto si el PCM logró ser un partido como marca la doctrina marxista-leninista, o hasta qué punto ustedes fueron o no agentes de una filosofía de la historia, de un devenir ya determinado por la inexorable dinámica autodestructiva del capitalismo.
 
Porque conozco y conocí entrañablemente, en el seno de muchas luchas, a varios de ustedes, y me compartieron sus vivencias, su camaradería en acción, su solidaridad efectiva, por eso quiero decirles que, independientemente de lo demás, para mí el PCM fue, ante todo el Movimiento Comunista, así, con mayúsculas. Por eso quiero invitarlos a que retomen, a que recreen aquellos momentos de decisiones personales, los encuentros con otras y otros camaradas, las iluminaciones de su quehacer y de su entender, los nuevos deseos suscitados en el contexto de las batallas, esos momentos de tragedia o de euforia, esas experiencias colectivas  bien localizadas en el tiempo y el espacio de total libertad. 
 
Las y los invito a recuperar, como dice el sociólogo francés Jacques Ranciére, “los momentos comunistas”: 
 
“…lo que cuenta como historia del comunismo o la historia de la emancipación , es sobre todo la historia de los momentos comunistas, que solían ser momentos de disolución y quebrantamiento de los poderes del Estado y de la influencia de los partidos instituidos”.
 
Ahora bien, en el corazón de la emancipación, señala Badiou, está el “comunismo de la inteligencia”, la firme convicción de que la inteligencia pertenece a cualquiera y no está sujeta a una posición específica en el orden social. Esta es la hipótesis de la confianza básica en el pensamiento comunista: la igualdad de raíz en la inteligencia de todos. Contra la hipótesis de la desconfianza que opone a las vanguardias iluminadas con las clases trabajadoras, y descalifica la experiencia cotidiana de éstas. El “todos somos iguales” que el padre de los Flores Magón les recalcaba una y otra vez a sus hijos es uno de los pilares de la Etica y la Política comunistas. 
 
Por otra parte, la emancipación es una tarea que se actualiza constantemente, no es una necesidad histórica insatisfecha, sino un imperativo de cada momento. Por eso, la tarea emancipatoria es heterogénea, diversa, nacida de las diversas experimentaciones locales, situadas, de la lucha por la libertad que cada momento va planteando. Yo los invito, camaradas a que recuperen esas experiencias de emancipación que les dieron sentido a sus vidas, esos momentos comunistas en que el combate por la libertad y la justicia aquí y ahora colmó su ser de comunistas.
 
Eso es el legado comunista, según Ranciére: “ la multiplicidad de formas de experimentación de la capacidad de cualquiera. Lo que la inteligencia comunista ha construido como inteligencia colectiva en el transcurso de sus experimentaciones contra las formas y momentos de dominación.”
Por eso insisto en que requerimos una “Sociología de las ausencias” para completar el pasado con los aportes de las mujeres y los hombres del PCM y poder entender mejor el presente y extraer todo el caudal de libertad, de solidaridad, de utopía que representa el legado comunista, vertiente insoslayable de la 4ª. Transformación que México ahora experimenta. 
 
Sobre la situación actual: A nivel global se pensaba, más bien, trataron de imponernos la idea de que, con la caída del Muro de Berlín, se abrían totalmente las posibilidades para la realización de la utopía capitalista. Nos trataron de hacer creer que el fin de la historia estaba a la puerta. Sin embargo, luego de 30 años, la triple dominación articulada del capitalismo, del colonialismo y del patriarcado se ha intensificado y profundizado. Las desigualdades sociales se han exacerbado, salvo en lugares donde se han construido experiencias alternativas, como en la Bolivia de Evo Morales, se han roto las solidaridades sociales, han estallado las identidades. Vivimos una múltiple crisis planetaria; crisis climática, crisis de gobernabilidad mundial, crisis energética, crisis alimentaria para una cuarta parte de la humanidad por lo menos; crisis de sentido, sobre todo para los jóvenes que tocan a las puertas falsas de las adicciones, la violencia o el suicidio; crisis que hace irrumpir las muy diversas violencias en la vida de las personas y de las comunidades: criminal, étnica, sexista, familiar, etc.
 
La utopía capitalista pregonada sobre los escombros del Muro de Berlìn ha resultado un fracaso total. Por un muro que se derribó se han edificado mil muros entre las personas, las comunidades, los pueblos, los grupos de edad.  El individualismo se ha tornado en el valor y criterio máximos en el actuar, sobre todo en su dimensión hedonista. El mundo está siendo dominado por el consumo narcisista, consagrado totalmente al culto de la mercancía y del espectáculo. A este individualismo egoísta de masas se le ha dado por llamar “democracia”.
 
¿Cuál es el sentido, mejor dicho, tiene sentido el comunismo ante esta realidad global que estamos viviendo?
 
Para ir respondiendo esta pregunta tenemos que abordar el presente y el futuro mediante la Sociología de las emergencias: necesitamos prestar atención a algunas experiencias, luchas y movimientos del presente, como embriones, como gérmenes del futuro. Ante el abismo a que nos arrastra la destructora crisis del capitalismo vamos encontrando lo que emerge para que nuestra esperanza le gane a nuestros miedos.
 
Y nuestra esperanza tendrá sentido si:
 
Marchamos hacia una refundación del poder, hacia un poder construido y compartido desde abajo; hacia un poder construido, no desde las instituciones, sino por los movimientos y la acción de las y los ciudadanos, un poder como bien común¨;
 
Promovemos experiencias comunitarias que desde lo micro vayan confrontando y construyendo alternativas al capitalismo, al colonialismo y al patriarcado;
 
Consideramos con un enfoque de “comunes” el agua, el suelo, la biodiversidad, el aire, los bosques, el patrimonio cultural, la diversidad humana, los saberes tradicionales, todo ello dentro de un esfuerzo cotidiano y de todas y todos por cuidar el planeta como nuestra “casa común”;
 
Emprendemos desde el nivel comunitario la construcción de una “economía del cuidado” que nos haga responsabilizarnos de la supervivencia, la protección y el florecimiento de los otros, sobre todo de las y los más vulnerables; si llevamos a la práctica dicha economía del cuidado estaremos operando el mejor antídoto contra la desigualdad y la violencia.
 
El futuro de la emancipación, sólo puede significar el crecimiento autónomo del espacio de lo común, creado por la libre asociación de hombres y mujeres. 
A todo este esfuerzo, Jacques Ranciére, prefiere llamarla comunismo, más que democracia.
 
Lo importante, según Alain Badiou, no es que triunfe la idea comunista; sino que llevemos a cabo la tarea gozosa de combinar las muy diversas construcciones del pensamiento, los imaginarios, las utopías, las energías comunales de muy diversos sujetos colectivos, con experiencias emancipadoras locales y singulares, pero transmisibles, compartibles para construir con todo ello , no un solo sujeto de una filosofía de la Historia, sino muchos sujetos que desde su diversidad edifiquen un futuro común, para la comunidad de todos los seres que habitamos en esta Casa Común.
 
El Comunismo así entendido, no es que tenga futuro; es el futuro.