¿La Biblia o Pachamama?

Por: Pbro. Camilo Daniel Pérez

 
Por: Pbro. Camilo Daniel Pérez.
 
Me llamó fuertemente la atención que al derrocar por las controvertidas cuestiones electorales a Evo Morales como Presidente de la hermana Nación de Bolivia, entrara al viejo Palacio de Gobierno de la Paz uno de sus más acérrimos opositores, el empresario Luis Fernando Camacho, “el Bolsonaro Boliviano”, con una bandera y una Biblia y la depositara diciendo que ahora sí Bolivia es de Cristo y no de Pachamama. Sus discursos los han considerado algunos comentaristas, no sin razón, “cargados de racismo, de odio de clase y de provocación”.  Lo mismo afirmó la Sra. Jeanine Áñez al autoproclamarse Presidente interina de Bolivia, levantando una Biblia con sus manos y exclamando: “Que la Biblia vuelva a entrar al Palacio.” Aquí estamos ante un fundamentalismo religioso a ultranza y de derecha.
 
Este acontecimiento lo relaciono con el Sínodo Panamasónico recientemente celebrado en Roma con el tema: Nuevos caminos para la Iglesia y por una ecología integral. Es obvio que este Sínodo exigía una muy atenta capacidad de escucha y, a la vez, una profunda actitud de conversión. Con toda razón todos los capítulos del documento final hablan de conversión integral, pastoral, cultural, ecológica y sinodal. ¿Por qué sucedió esto? Simple y sencillamente porque la Iglesia asumió la actitud no de pontificar, sino de escuchar, incluso de desaprender para aprender y reaprender. Esto no es claudicar de su identidad sino de enriquecerse y enriquecer con su milenaria sabiduría, de tal manera que “la Iglesia expresa su genuina catolicidad y muestra la belleza de este rostro pluriforme” (Papa Francisco).
 
Para comprender esta actitud de la Iglesia que no es nueva, pero que tal vez no se había llevado tan conscientemente necesitamos traer a la memoria que las profundas verdades de la Iglesia Católica siempre las ha expresado la Iglesia encarnándolas con diversos lenguajes culturales sean teológicos, filosóficos, sociales, artísticos o de cualquier otra índole. En la Iglesia Católica se han asumido formas religiosas de todos los pueblos en que se ha insertado, no se diga de sus propios orígenes judíos, helenistas y romanos. Incluso tiene reminiscencias de la dominación persa, babilónica y egipcia. Santo Tomás con toda la “Suma Teológica” cristianizó a Aristóteles y San Pablo a Platón. Por ello, dice el Papa Francisco que en la evangelización de las culturas… no es indispensable imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea, junto con la propuesta del Evangelio.”
 
La gran novedad cristiana es que el Hijo de Dios, consubstancial al Padre, se hace carne, es decir, se hace uno de nosotros y se mete a toda nuestra realidad humana, histórica y cósmica. En la lógica de Dios, Cristo al encarnarse se hace judío, entra en toda la realidad humana y, como dice el Concilio Vaticano II, las “semillas del Verbo” están ya presentes en los diferentes pueblos y sus culturas. Al hacerse el Hijo de Dios hombre y judío se hizo mujer, griego, romano. Se hizo otomí, tarahumara, náhuatl, aymara, quechua, mapuche, pima…
 
Ahora bien, la gran tarea de la Iglesia consiste en hacer que afloren esas “semillas del Verbo” asumiendo, valorando y purificando desde el Evangelio los aportes de las diferentes culturas al cristianismo y éste aportando la riqueza del Evangelio. Como lo expresa un teólogo: “La misión no es nunca una destrucción, sino una purificación y una nueva construcción”. De esta manera se lleva a cabo lo expresado por el Papa Paulo VI: “Lo que importa es evangelizar   -no de una manera decorativa, como con un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta las mismas raíces- la cultura y las culturas del hombre en el sentido rico y amplio que tienen sus términos en la Gaudium et Spes… y la construcción del reino (de Dios) no puede menos de tomar los elementos de la cultura y de las culturas humanas…” (E.N. 20) “Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio” (Papa Francisco)
 
Pachamama viene de la lengua quechua = mundo, tierra. Mama=Madre. La Madre Tierra es centro de la cosmovisión de los indígenas. Hay que cuidar a la Pachamama y rendirle tributo. Simboliza el todo, es decir, la naturaleza. Hay quienes le rinden culto como una diosa; pero como expresa el Obispo Felipe Arizmendi, a quienes se ha evangelizado, Pachamama e Intí (el sol) son los mejores regalos de Dios. Ya no son dioses, sino el mejor regalo para la humanidad. Cuidar, respetar y amar la tierra es agradecer a Dios uno de sus mejores regalos.
 
Todo esto lo comento por las críticas que un sector de la Iglesia ha hecho al Sínodo Amazónico y al Papa como si estuvieran claudicando de la fe y los valores cristianos a favor de las deidades indígenas cuando se trata simplemente de inculturar el Evangelio para “alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores…y los modelos de vida de la humanidad…” (E.N. 19)
 
¿Qué hay en el fondo de estas críticas? Creo que consciente o inconscientemente hay una falacia en contraponer la Biblia con la Pachamama. Se quiere, con ello, satanizar, descalificar todo lo que huela a indígena. La contraposición en el fondo no es entre la Biblia o Pachamama, sino entre la vigencia del colonialismo ancestral o la aceptación del otro como diferente, entre unas culturas dominadoras por siglos o unas culturas dominadas que se esfuerzan en emerger y que buscan ser tomadas en cuenta en el concierto del mundo.
 
La contraposición no es entre la Biblia o Pachamama, sino entre una economía del libre mercado, acaparadora de los bienes de la tierra o una economía humana, solidaria, participativa, respetuosa de la naturaleza, con un comercio justo y de cara a los derechos humanos de las personas y de los pueblos, la cual es propia de las comunidades indígenas.
 
La contraposición no es entre la Biblia o Pachamama, sino entre las verdades dogmáticas expresadas y celebradas litúrgicamente con lenguajes y signos propios de una cosmovisión eurocentrista o con una cosmovisión de los pueblos originarios de América Latina, igualmente válida. No cabe duda que la Tonantzin Guadalupe es la gran catequista de nuestra Patria. Juan Diego es el símbolo de la recuperación de la dignidad como persona del hermano indígena con todo lo que esto significa.